lunes, 2 de mayo de 2011

"Lo que le gustaría a mucha gente que está aquí hoy es tener su cadáver para poder escupirle"



Mientra dormía esta noche, la gran tribu de occidente celebraba y se jactaba sobre el tan esperado sacrificio de uno de lo malos más malísimos de su mitología popular. Y desde sus fronteras levantadas sobre un popurrí de ideales absurdizados, en la explosión más terrible de hipocresía, inaguran una nueva era de paz y esperanza cimentada en la muerte a tiros de un hombre de cincuentaitantos.

Podriamos entrar en el debate, de la dignidad y los derechos, que debe de tener incluso un asesino.  Podriamos especular sobre el como, el cuando, el quien… Pero prefiero subrayar la profunda tristeza y preocupación que me causa la capacidad que los autoproclamados defensores de la paz, la libertad y la justicia,  tienen para mentirse, engañarse y convencerse, de que su patria es el bien, y que sus enemigos merecen muerte y humillación, a ser posible. ¿Cuantos giraran la cabeza, para mirar los esperpénticos desastres que los tentáculos de su poder va causando en las vidas de millones en toda la geografía mundial? ¿Cuántos comprenderán, sin nunca justificar, el odio y la violencia terroristas? ¿Cuántos asumirán compromiso y responsabilidad ante las barbaridades de su gran nación? ¿Y cuantos, no son más que una llanura de ideas, donde la cuidadosa manipulación corporativa no ha dejado entrar apenas, un escaso rayo de razón e inteligencia que les permita creer más allá de lo que les ha sido dicho?

Una muerte nunca es una victoria, un acto de sangre y violencia, no es más que un nuevo fracaso del entendimiento humano, lastimadísimo ya de tropezar, tantas y tantas veces con las mismas piedras.  Pero  una población sedada por el miedo, el odio, la ignorancia, y la indiferencia , encuentra en un linchamiento público un acto de justicia y paz.

Y lo más escandaloso, es que está es la gente a la que le bailamos el agua, son sus métodos y sus maneras los que estamos importando, son sus falsedades las que nos están convenciendo. Es su hipocresía la que nos está inundando.

América es una grandísima mentira, y no paramos de creérnosla.

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